Vinos fortificados

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Los vinos fortificados surgieron  de la necesidad de preservar los vinos europeos en viajes comerciales a largo de los siglos 16 y 17.

Para estabilizar el vino que trasladaban, y para que soportara los largos viajes marítimos, añadían brandy al vino antes o durante el proceso de fermentación, de esta forma conseguían que los vinos resistieran las temperaturas extremas y fluctuantes, así como el constante movimiento.

En la actualidad se utiliza casi el mismo proceso para elaborar los vinos fortificados, vinos que al terminar el proceso de elaboración suelen contener entre el 17 y el 21 por ciento de alcohol, son más estables que los vinos comunes y no se deterioran tan fácilmente una vez abiertos.

Con respecto al tipo de vino que se obtiene, si el Brandy se añade después del proceso de fermentación, el resultado es un vino seco, y si se añade antes de la fermentación el resultado es un vino dulce con un alto contenido de azúcar.

Hay cuatro tipos de vinos fortificados: Porto u Oporto, Jerez (llamado así por Jerez, su lugar de origen español), Madiera (llamado así por la isla de Portugal en la que se elabora) y Marsala (el mejor vinos fortificado conocido en Italia). Los dos últimos son de uso frecuente en la cocina.

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